Cuando convivimos con un perro y queremos incorporar un miembro gatuno a la familia, es muy importante la actitud del perro, ya que el gato lo tolerará sino supone una amenaza para él. Si en las primeras interacciones el perro le ladra, se pone muy nervioso e incluso corre hacia él, la situación será más difícil. El perro debe estar tranquilo, un buen paseo antes será de gran ayuda, así cuando vea al gato estará más relajado.

La primera presentación podemos hacerla con el gato dentro del trasportín en alto, solo para comprobar la reacción de ambos de forma segura. No nos asustaremos si el gato bufa y gruñe, pero evitaremos que se tense demasiado y salte dentro del trasportín. Empezaremos la interacción con el perro a distancia y lo acercaremos poco a poco sin forzar la situación según la reacción del gato. Si en esta primera sesión el gato esta más o menos tranquilo, las siguientes sesiones podemos dejar que el gato esté libre y que tenga lugares altos donde subirse y sentirse mas seguro. En estas sesiones el perro debe de estar sujeto y le premiaremos cuando esté tranquilo, sin ladrar ni intentar correr hacia el gato.

Es importante que la correa no este tensa, sino holgada, porque de lo contrario estaremos transmitiendo tensión al perro poniéndolo en alerta.

Posteriormente, cuando ya estén más tranquilos, crearemos momentos positivos con los dos, con premios y juegos.

La bandeja de arena la colocaremos en un espacio donde el perro no pueda acceder, para evitar que pueda comerse las heces y molestar al gato mientras la está usando.

Pensando en que el perro y el gato tienen diferentes hábitos alimentarios, ya que el gato debe tener comida a su disposición todo el día y el perro no, colocaremos el comedero y bebedero del gato fuera del alcance del perro. Juguemos con las alturas.

Crearemos zonas protegidas en lugares altos para que el gato pueda disfrutar de su descanso tranquilamente.

No les dejaremos al perro juntos sin supervisión durante los primeros meses, aunque ya se conozcan. Antes necesitamos conocer las reacciones del perro en situaciones de tensión como cuando está comiendo o tiene un juguete y se acerca el gato.

Estas presentaciones y los inicios de la tolerancia entre gato-perro pueden durar hasta meses, una etapa que afrontaremos con mucha paciencia, una actitud positiva y segura para transmitir calma a los animales. El buen manejo será determinante en una relación para toda la vida.

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